La del ratoncito Pérez es una de las tradiciones infantiles autóctonas que más nos gusta, y que afortunadamente no tiene una competencia anglosajona que le haga sombra, como sí sucede con Santa Claus y los Reyes Magos. Hay roedores generosos en varios países de Europa, pero en el caso de España sus peculiaridades son tales que ha merecido la creación de una Casita–Museo en su honor.
Este pequeño y dadivoso trasnochador llena de ilusión las vigilias de los niños que van mutando su dentadura, y que a la mañana siguiente de perder un diente se despiertan emocionados. Descubrir que su molar o incisivo ha desaparecido y que a cambio el Señor Pérez ha dejado un pequeño obsequio es una de esas pequeñas rutinas que hacen más divertida y entrañable su infancia. Para los padres y madres que quieran dar aún más significado a este momento, recomendamos encarecidamente una visita a estos dos locales situados en la primera planta de una galería comercial de la calle Arenal.
La Casita-Museo consta de dos partes claramente diferenciadas. La primera es la tienda, en la que se vende un sinfín de fetiches relacionados con el ratoncito Pérez. La representación del personaje y algunos de sus amigos recupera los dibujos de una serie de animación española “Factoría Ratonil Pérez”, realizada hace unos años y que llegó a emitirse en TVE. Nos seduce el estilo de estos animadores, muy en la línea de la productora BRB -que facturó clásicos como “Sherlock Holmes” o “La vuelta al mundo de Willie Fogg”-.
Con semejantes mimbres, los responsables de la Casita han desarrollado todo un imaginario infantil relacionado con el cuento que el Padre jesuita Luis Coloma escribió para el rey niño Alfonso XIII. La trama y ambientación fueron concebidas de forma exclusiva para el monarca, que pudo disfrutar así de una historia a medida con referentes madrileños que ya conocía. Algunos detalles del relato fueron importados de su vida cotidiana en la corte. Es el caso de la caja de galletas de la marca británica Huntley. El príncipe se desayunaba con ella todos los días, por lo que el autor convino en situar la residencia del ratón en uno de sus recipientes metálicos. Lo que se dice un relato corto a gusto del cliente…
Esta feliz regresión a los años finales del siglo XIX tiene su plasmación en la parte museística de la Casita. Se trata de una habitación anexa, a la que se accede tras franquear unas cortinas. El espacio es reducido, pero se ha habilitado del tal modo que los niños pueden disfrutar de una completa maqueta donde se muestran las habitaciones y estancias de la supuesta mansión de la familia Pérez.
Las paredes y esquinas mezclan los motivos relacionados con la serie de animación con otros muy diversos, como una imaginaria colección de dientes de personalidades históricas (“Dientes de leche ilustres”) o un pequeño “Teatriñol” a la escala natural del mítico roedor. Una vitrina esquinada recopila varios objetos relacionados de manera directa o indirecta con el cuento. La contextualización del personaje nos lleva desde autores como Gloria Fuertes o Antoine de Saint-Exupéry a otros creadores como Shakespeare o el propio Walt Disney. Todos ellos prestaron alguna vez su talento a glosar el mundo diminuto de los ratoncillos o bien indagaron en el cuidado de la dentición.
Lo que más gusta a los chavales es sin embargo la sorpresa que aloja el llamado “Buzón del ratón Pérez”. La parte inferior de este depósito postal esconde una pequeña puerta desde la que se divisa una segunda residencia del vecino Pérez. Hay que agacharse hasta rozar el suelo para ver parte de su mobiliario, lo que siempre provoca el regocijo de los pequeños espectadores. Como la visita en sí resulta muy breve, la misma persona que atiende la caja se encarga de explicar a los visitantes el sentido de todo lo que están viendo. La guía recuerda el origen de la historia y responde a las preguntas de los niños.
Hay que dejar claro que la Casita-Museo hace compatible la intención comercial con la puramente didáctica. Sus dueños han abierto ya su programación a la presencia de grupos y colegios, y en un futuro diversificarán sus actividades y ofertas de formación. No seremos nosotros quienes critiquemos la existencia de estas tiendas infantiles temáticas, ya que nos parece estupendo que haya un tiempo para la compra y otro para el deleite cultural.