LAS PRESILLAS - Rascafría
Acceso: M-604, kilómetro 28,6. Estado de la calzada: bueno. Equipamientos: mesas, papelera, sendas, kiosco, aseos y estacionamiento.
Cómo llegar: - por coche: hay que tomar la carretera N-I y desviarse posteriormente hacia Lozoyuela; una vez allí, continuar por la M-604 en dirección a Lozoya y Rascafría. Otra ruta posible es la del Puerto de la Morcuera, atravesando la localidad de Miraflores.
- en autobús: Continental Auto, con salida en el intercambiador de Plaza de Castilla.
La entrada es libre y gratuita.
Aparcamiento: - Abierto de 09:00 a 22:00 hh. Precio: 4 euros.
No se permite acceder con animales de compañía, recipientes de vidrio o fuentes sonoras que perturben el ambiente. También están prohibidos los juegos de pelota y la instalación de mesas y sillas, aunque estas dos directivas pocos visitantes parecían respetarlas cuando visitamos el lugar.
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Las piscinas naturales disfrutan de un cauce generoso y abierto |
El acceso a la orilla es factible, aunque las piedras lo dificultan |
El área recreativa de Las Presillas debe su aceptación popular a las piscinas naturales que recorren el río Aguilón en el cauce más cercano a la carretera M-604 que conduce al Monasterio de El Paular y Rascafría. El recinto está acotado y se despliega en forma de verde pradera de césped a un lado de la zona de baño. Muy cerca se encuentra el quiosco-bar, que sólo funciona los dos meses centrales de verano -julio y agosto-. También hay servicios en número suficiente para acoger la punta de visitantes de determinadas fechas o puentes.
A este lado del río no existen demasiados árboles que den sombra, aunque basta cruzar a la otra orilla para entrar en un hábitat más propio del entorno montañoso que nos acoge. Un puente comunica ambas zonas, aunque siempre hay quien se anima a cruzar por encima de las piedras o atravesando a pie el fondo menos profundo. Hay escaleras que permiten un cómodo acceso a esta piscina de auténtico lujo natural y pequeñas playitas llenas de guijarros que no dan tregua a los más intrépidos.
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Una pradera de lo más asturiana corona de verde Las Presillas |
El entorno natural más cercano depara sorpresas agradables |
Las entidades que tutelan Las Presillas han hecho un excelente trabajo de acondicionamiento del lugar, así que es fácil deducir que en determinadas fechas la afluencia de visitantes roza el “todo completo”. Hay quien se siente a gusto entre decenas de familias con el picnic a cuestas, pero lo advertimos para todos aquellos que precisamente por eso huyen de este tipo de concentraciones de fin de semana. Hay numerosos cubos de basura y contenedores de vidrio para conservar el medio ambiente, por lo que Las Presillas aún no ha sucumbido al destrozo inherente al turismo de masas.
Como el agua de río serrano de toda la vida, la temperatura de ésta es más bien fría. Viene muy bien para espabilar a los niños que sólo han conocido la piscina climatizada o las templadas olas del Mediterráneo. Cuidado pues con pasar mucho tiempo porque estas cosas sólo las hacen los rusos cuando se sumergen en el hielo.
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Charcas y vasos de agua bajan desde la Sierra hasta Rascafría |
El respeto al medio ambiente, garante de paisajes como éste |
Una manera alternativa de acceder a Las Presillas desde el Puente del Perdón, situado frente al Monasterio del Paular, a escasos dos kilómetros del área recreativa. Es la mejor idea para estirar un poco las piernas y conocer el paisaje de la Sierra desde un sendero muy sencillo de recorrer. Buena parte del mismo está asfaltado y apenas diez minutos después de iniciado el trayecto ya es posible encontrar naturaleza en estado puro. Un vallado de piedra y un puentecillo con suelo “anti-vacas” marcan el inicio de esta incursión en la parte más atractiva de Las Presillas y alrededores.
El río baja sereno por entre pequeñas praderas, mientras al fondo se ven las nieves de las montañas que hemos dejado atrás en nuestro camino desde Madrid. Es una excursión “de bajo perfil” -de acuerdo-, pero muy agradable si nuestros jóvenes acompañantes aún se quejan de lo lejos que está todo.
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