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Asociación Amigos del Burro: 630 - 05 84 28 * 639 - 96 27 28
Cómo llegar: Tres kilómetros más adelante se llega a la entrada del Castillo de Viñuelas. De allí parte un camino de tierra, por el que continuaremos en dirección recta hasta completar unos 400 metros. Se efectúa entonces un giro hacia la izquierda, tomando como referencia el cartel (frontón y de burros). A continuación hay que atravesar un mini-puente situado sobre los tubos del Canal de Isabel II. A unos 700 metros, sin dejar este camino, se localizan las instalaciones de Burrolandia. Desde la incorporación de la autovía hasta la finca hay alrededor de unos 6 kilómetros. Horarios: La entrada es gratuita. Burrolandia es una de esas estupendas iniciativas dedicadas en cuerpo y alma a la protección de la fauna amenazada, que en este caso focaliza sus esfuerzos a la preservación de una de las especies domésticas más características de nuestra historia. Al igual que El Refugio con los perros, la Asociación A Mi Burro (Amiburro) ha logrado visualizar su trabajo con iniciativas públicas que permiten a los madrileños conocer y apreciar su trabajo en directo. Trabaja con burros desahuciados cuyo único destino sería el matadero, por lo que cabe duda de la honestidad de sus intenciones. No hay rastro alguno de negocio y sí mucha huella de auténtico amor a los animales. Los domingos por la mañana Burrolandia abre gratuitamente sus instalaciones a la visita de los curiosos, que de esta forma pueden pasear por la pradera junto a los burros protagonistas, acariciar sus testas, montar encima de los más dóciles e incluso darles de comer. Se trata de la única reserva de burros de la Comunidad de Madrid, aunque no son los únicos animales domésticos que la pueblan. También hay perros y gatos, patos y palomas, gallinas, cabras, algún caballo... y hasta una cierva criada desde su más tierna infancia.
La finca se encuentra más allá del castillo de Viñuelas, junto a la localidad de Tres Cantos, en un entorno imposible de localizar si no se siguen al pie de la letra las indicaciones anteriormente descritas. La experiencia de convivir de cerca con los burros es única y muy distinta de la habitual en zoos o reservas de animales. Por una vez los niños van a escuchar los rebuznos tal y como son, tras años oyendo las imitaciones de esos juguetes para bebés que imitan sonidos de animales. Aquí los “plateros” pasan junto a nuestro lado con total libertad, reclamando nuestra atención sin un ápice de timidez y en una integración hombre-animal que francamente sorprende por lo cercana y espontánea. Ni que decir tiene que los niños son los más encantados con esta inesperada simbiosis natural, que culmina con el paseo de los más pequeños sobre una calesa tirada por uno de los burros y controlada en su suave paseo por uno de los monitores.
Acuérdate de llevar algo de comida si lo niños se animan a estirar la mano y dar de comer a los burros ellos solitos. Bastará algo de para pan duro, zanahorias, verduras o pienso de avena o cebada (aunque de esto poco vamos a encontrar en casa,¿verdad?). Las cuadras están situadas en la parte más alta de la pequeña hacienda, en cuyo centro se levanta una casa rústica de lo más curiosa. Toda la cultura rural habida y por haber está colgada de sus paredes, donde hay sitio para los aperos de labranza y enseres agrícolas más comunes. Otros muchos jamás los habíamos visto y resultan difíciles de identificar, pero en su conjunto forman un auténtico museo etnológico al aire libre.
Cada tres meses Amiburro organiza un rastrillo para obtener fondos y celebrar un encuentro especial con sus voluntarios y aquellas personas que quieren apoyar su labor de una forma más concreta. Otras actividades paralelas son sus rutas por los alrededores. Los niños pueden apadrinar a un burro y seguir así sus andanzas de por vida. Recomendamos aparcar a la entrada del frontón cercano, ya que más adelante apenas hay espacio para que los coches giren y maniobren con algo de comodidad.
FIESTAS DE CUMPLEAÑOS Reservas: 639 - 96 27 28 * 630 - 05 84 28, o directamente en la sede de la Asociación en Tres Cantos. Las fiestas infantiles se pueden celebrar cualquier día de la semana, aunque la Asociación recomienda los domingos para que el evento pueda alcanzar las tres horas, que es el tiempo máximo que se contempla. Al tratarse de una instalación al aire libre, es muy recomendable tratar de elegir una fecha propicia para el buen tiempo. Hay que efectuar una reserva previa con al menos 10 días de antelación para confirmar la disponibilidad del centro. Burrolandia ofrece a los invitados una merienda con mesa y mantel en una zona delimitada, aunque todo lo relativo a la comida y bebida deben llevarla los anfitriones. Hay nevera, microondas y placa de gas a disposición de los adultos responsables del grupo. Tras el convite llega el momento de pasear en un carro tirado por un burro a los niños con edades comprendidas entre los dos y nueve años. Los mayores pueden dar un paseo al burro tirando con cuidado de su ramal o bien participar en algunas de las actividades que pueden desarrollarse en la pradera de Burrolandia: carreras de sacos, el juego del pañuelo o incluso un partido de fútbol aprovechando la existencia de dos porterías de madera con un área de falso césped para que el portero pueda tirarse sin miedo. |
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